La disculpa que los productores de palma de aceite necesitan escuchar

02/05/2017 (Todo el día)
 
Las ONG y los grupos que realizan campañas rara vez reconocen estar equivocados. Casi nunca lo admiten cuando la industria a la que atacan con sus  campañas está en lo correcto. Sin embargo, esto es precisamente lo que la Unión de Científicos Preocupados (Union of Concerned Scientists -UCS-) un grupo de campaña – ha hecho en relación con el aceite de palma. 
 
La UCS ha señalado que el aceite de palma no es el ogro ambiental como las ONG lo han querido hacer parecer. ¿Por qué? Porque no contribuye de manera importante a la deforestación mundial.
 
Lo que provocó esta reacción de la UCS es un informe de Climate Focus, escrito para signatarios de la Declaración de Nueva York sobre Bosques.  El informe señala que la huella de deforestación de productos como la carne, la soya y el maíz es más alta que la del aceite de palma. En el caso de la carne, es alrededor de 10 veces mayor.
Mucho de esto se basa en trabajo realizado previamente por la Comisión Europea, que examinó la huella de deforestación de varios productos.
 
El Consejo Malayo del Aceite de Palma (MPOC) ha estado escribiendo sobre este tema y ha resaltado los datos producidos por la Comisión Europea desde que se publicaron. Sin embargo, el mea culpa de la UCS tiene implicaciones mucho mayores para las campañas ambientales.
 
Lo ha dicho la UCS: “un estudio reciente indica que las empresas mundiales que se han comprometido a poner fin a la deforestación que causan tienen erradas sus prioridades. Y sugiere que la comunidad de ONG – y eso definitivamente me incluye – podríamos haber equivocado nuestras prioridades también.”
El estudio de Climate Focus señala que las empresas de aceite de palma se han comprometido mucho más a lograr cero deforestación que cualquier otro grupo de productos, a pesar de contribuir mucho menos a dicha deforestación.
 
Una pregunta que debe hacerse a la UCS y al resto de la comunidad de ONG que participan en campañas es si esto significa que cesará su absurda campaña contra el aceite de palma y si de hecho van a disculparse por las afirmaciones que han hecho.
 
Una pregunta más importante aún, sin embargo, se refiere al financiamiento de las campañas de las ONG.
La Alianza para el Clima y el Uso de la Tierra (Climate and Land Use Alliance), una coalición de fundaciones de los Estados Unidos, ha financiado una gran cantidad de actividades contra el aceite de palma. La lista de sus subvenciones mundiales muestra que han gastado más de US$13 millones en campañas contra el aceite de palma a través de 38 proyectos que financian, incluidos US$3 millones que dan a Greenpeace.
 
Comparemos esto con lo que esta misma lista muestra que han dedicado a la soya: cinco proyectos con un total de US$2.5 millones. Y compárenlo con su gasto en campañas contra la carne y ganado: US$759,000. Estos proyectos relacionados con la carne ni siquiera eran exclusivamente de carne: cubrían diferentes productos.
Mucho de este financiamiento continúa. Greenpeace está trabajando con una subvención de US$1 millón en contra del aceite de palma. Lo mismo hace Rainforest Action Network. Friends of the Earth está ejecutando una subvención de US$400,000.
 
No sorprende que las campañas contra el aceite de palma y los compromisos posteriores han causado sesgo: simplemente se invirtió más dinero en ellas.
También hay otros factores. El aceite de palma se puede sustituir con otros aceites, pero la carne no se puede sustituir con nada. Los mayores productores de carne del mundo son los Estados Unidos y la Unión Europea. Una campaña contra la carne simplemente no es políticamente sostenible en esos países.
 
En la Unión Europea, el aceite de palma se puede sustituir con aceites europeos competidores como el aceite de girasol y de canola. Generar un argumento ambientalista contra el aceite de palma, que realmente solo se produce en dos países que no son socios comerciales muy importantes, no requiere gran esfuerzo mental para esas industrias.
 
Pero ésta no es la primera vez que los ambientalistas le han declarado la guerra a una industria en particular y se han equivocado con los factores subyacentes.
Durante los años 90 y la mayoría de los 2000, los que realizaban las campañas se concentraron mucho en la industria de la madera. Se suponía que la demanda de madera estaba causando pérdidas forestales en todo el mundo. Esto dio lugar a campañas contra los productos de papel y a toda una industria de consultores que trabajaron para producir políticas en relación a la tala ilegal. Pero la demanda de madera no era el problema: lo era la necesidad de producir alimentos.
 
Cuando se equivocan, los inconvenientes para las ONG son pocos. Greenpeace afirmó durante mucho tiempo que la deforestación tropical era causante de alrededor del 25 por ciento de las emisiones mundiales. La estimación es ahora mucho más cercana al 10 por ciento. Greenpeace sin duda lo justificaría diciendo que atrajo la atención al tema.
 
Pero en el caso del aceite de palma, la información errónea ha dañado la reputación del producto, y ha afectado las vidas de 3 millones de pequeños productores.
Ellos son quienes necesitan escuchar la disculpa.